El VESTIDO, la prenda que habla por las mujeres

El vestido es, por excelencia, la prenda femenina, esa que sólo las mujeres pueden llevar y que otorga a quien la usa elegancia y sensualidad, a la vez que ingenuidad y delicadeza. Esta prenda ha acompañado a la mujer desde el inicio de la humanidad hasta la actualidad y siempre ha hablado por la mujer. El vestido es, además, un símbolo de la lucha de la mujer por ser reconocida en un mundo dominado por hombres. A través de los años y con los distintos complementos que se le fueron agregando, hicieron notar a quien los usara. Hoy, el vestido es símbolo de libertad: la libertad que tiene la mujer de ponerse lo que le plazca y aún así, tener un lugar en la sociedad. En Historias de Moda te contamos la historia de esta prenda maravillosa que acompañó a las mujeres en su lucha por ser más o, mejor dicho, por ser iguales.

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Las primeras mujeres se vistieron con lo que la naturaleza les brindó, es decir, su propia piel, a la que le agregaron algunos elementos duros en las partes superiores de las puntas de los pies y sus propios cabellos. A medida que fueron desplazándose a terrenos más al norte o al sur, llegaron los primeros inviernos, y así comenzaron a darse cuenta de que ir desnudo terminaría por acabar con sus vidas. Así comenzaron a vestirse. A mano tenían la materia prima, desde la fina hoja de pino, especial para jóvenes delgadas, hasta la amplia y extensa hoja del bananero, especialmente dispuesta por la madre naturaleza para las señoras más gordas con hijas casaderas. Estos trajes tenían, además, la ventaja de poder servir de tentempié cuando se retrasaba la hora de la comida.

Cuando las tribus nómadas se transformaron en cazadoras, descubrieron el uso de las pieles para vestirse. El vestido de este periodo era sencillo: a un animal del tamaño de la mujer que necesitaba un traje se le cortaba la cabeza, las extremidades, y, a veces, el rabo. Se lo vaciaba de lo que quedaba dentro (tripas, hígados, mollejas, páncreas, etc.) y quedaba una especie de funda, bastante apta para introducirse en ella la mujer. Por fuera se podía dejar todo el pelo, cortar parte de él y hasta afeitarlo completamente, y las manchas de sangre que solían quedar entre los pelos y las cerdas se dejaban, formándose así unos estampados que los hacían únicos.

Cuando el hombre comienza a asentarse e inventa la agricultura, fabrica casas y todo lo necesario para vivir en un sólo lugar, también inventa el vestido de tela. Aunque no sustituía de igual forma a las pieles, y comenzaron a darle un nuevo uso al telar, fabricando tejidos finos con los que confeccionaron vestidos para ellas y para sus maridos. Algunas mujeres se resistieron a ponerse esas telas, debido a su aspereza que les lastimaba la piel, pero bastó que los hombres alabaran su elegancia y buen gusto para que comprendieran las excelencias de aquella moda y la necesidad de sacrificarse por estar bien vestidos.

El tiempo pasó y el uso del vestido se volvió moneda corriente en las civilizaciones más avanzadas de la antigüedad. En Egipto, hicieron uso del telar con grandes resultados, logrando alcanzar gran habilidad en el tejido de sus vestimentas. Es que en su religión politeísta, casi todos los animales eran sagrados y resultaba sacrílego el despellejarlos por su piel. En estas épocas también se inventaron los accesorios, como los collares, pulseras y aros, con los que consiguieron diferenciar a los ricos y poderosos de los pobres y los esclavos. Los vestidos egipcios fueron los primeros en instaurar la idea de ‘desnudez’ y qué era lo que se podía o no mostrar.

Al mismo tiempo, otras grandes civilizaciones comenzaron a dar uso de los vestidos para cubrir sus cuerpos. Los Asirios, por ejemplo, vestían poco y de color ladrillo, que fue su gran invento. Los fenicios, si bien no inventaron nada distintos al resto de las poblaciones, comenzaron a usar más tela que las anteriores. En Creta y Grecia se produjo una polémica revolución que hasta el día de hoy, es tema de debate en todos los ámbitos. Allí, según Antonio Mingote en su libro “Historia del traje”, inventaron el ‘talle avispa’ y sentaron los cimientos de la crítica al talle de los demás. A las mujeres que lucían un cuerpo perfecto se les decía que eran “como diosas”  y según estuviese más o menos atractiva, las llamaban Venus, Juno o Minerva. El atuendo de las mujeres griegas consistía en una cinta en la cabeza, sandalias y una túnica que caía en artísticos pliegues. Por su parte en Roma, todo cambió. Gracias a la influencia helénica, se pusieron de moda las telas cayendo en artísticos pliegues, las túnicas y las blusas, que con el tiempo fueron ‘complicando’ sus diseños añadiéndoles guirnaldas, detalles tejidos y demás. Las “patricias” eran las mujeres de más alto rango y, por supuesto, accedían a prendas más elegantes. Las “plebeyas” vestían con telas de inferior calidad y con caída menos agraciada.

Con la aparición de la religión católica y con ello, la imperiosa necesidad de cubrirse, las mujeres comenzaron a prestar más atención a sus atuendos. Las mujeres medievales, época en la que el cristianismo se expandió fuertemente en Europa, procuraban cubrirse con vestidos la mayor porción de cuerpo posible, y con corte tipo “H”, es decir, sin resaltar las curvas. La aparición de los trovadores fue muy importante para el empoderamiento y, por qué no, el “ego” de la mujer, que tras ser sólo un objeto de reproducción y status pasó a ser inspiración de canciones que traspasaban los muros de los feudos. Así pues, las mujeres comenzaron a preocuparse más por su vestimenta y a ‘complicar’ el vestido. Le agrega elegantes sombreros y se pone faldas y más faldas, unas encima de otras. Las cintas, fundas, plumas y camisolas abundaron mucho.

En el Renacimiento, la mujer comenzó a ser más consciente de lo que sus curvas causaban en el hombre y empiezan a usarlo a su favor, inventando una remota idea del escote. Aunque los diseños eran muy similares a los de sus antepasados medievales, las mujeres dejaron de estar totalmente cubiertas de metros y metros de tela y empezaron a dejar ver algo de su piel.

El siglo XVI siguió siendo una muestra de la necesidad de las mujeres de que se hablara de ellas. Comenzaron a usar complicadísimos vestidos, con ricos mantos, con encajes de Flandes , con mangas acuchilladas, con altos y amplios cuellos con calzones, adornándose con puntillas, aros, lazos, cintas, etc. Por debajo, miriñaque para que parecieran más imponentes. Con estos cambios, comenzó la lucha de las mujeres por alcanzar la ‘fama’ por sus atuendos.

El siglo XVII trajo muchos cambios en la moda. Por un lado, desde lo comercial, se inventan los escaparates, otro gran paso en el progreso del vestido en general y del femenino en particular. Allí se podía poner precios y así las mujeres comenzaron a comprarse los vestidos con la seguridad de que el resto sabría que era costoso. Y así se llega a una de las más importante leyes que aún hoy parecen regir el mundo de la moda: a mayor precio más elegancia. Lo más señalado de la moda femenina de este tiempo es la desaparición de las gorgeras (unas piezas que cubrían el cuello y pecho y tenía forma semicircular) y cuellos de encaje, para dejar descubierto el escote, cuya reaparición definitiva, tras el intento renacentista, fue acogida con júbilo. La tela que se quita por arriba, así como los encajes, se pegó a la falda y a las mangas, para que los maridos no encontraran demasiada diferencia a la hora de pagar la nueva moda.

El siglo XVIII fue determinante en la historia de la moda. La parafernalia a las que las mujeres acudían en pos de conseguir un lugar mejor ante el resto alcanzó niveles inimaginados. Además de instaurar la moda de los peinados hacia arriba y cargadísimos de cosas (tenían hasta una base metálica para sostenerlos), los vestidos siguieron complicándose, con miriñaques más anchos, y complicadas faldas superpuestas en forma de cortinajes, adornos de lazos y flores, guirnaldas de verdes hojas y plumas y cintajos. La camisa, acompañada de lazos, cubría una falda estrecha y sobre ella se colocaba el corsé de flejes de acero. Y las siete enaguas, y el corpiño puntiagudo. Y la primera falda, de discreto bordado y sólida estructura de aros de hierro, lazos, pasamanerias, volantes, festones y trenzas.

En vísperas de la Revolución Francesa apareció el estilo “Rococó”, que influyó en los peinados, cuyas antiguas arquitecturas se sustituyen por una especie de arbustos un poco más pequeños que los anteriores; y en los vestidos, cuyas faldas tienden a disminuir su diámetro.

El Romanticismo trajo consigo una moda más ‘gotica’. Prenda de gran importancia para esta época fue el pañuelo, del que se hacía gran uso. Los trajes de la época eran hechos con trozos de telas pasadas de moda. Las mujeres más ricas, adoptaron severos y púdicos trajes,  Las señoras serias adoptaron severos y púdicos vestidos de amplias faldas con miriñaque; otras adoptaron un modelo con las colas levantadas por un polisón, corsets muy ajustados y amplios cortinajes en lugar de faldas.

Con la transición del Siglo XIX al Siglo XX, los vestidos poco a poco comenzaron a acortarse. Las mujeres descubrieron la forma de mostrar los tobillos sin parecer ‘desvergonzadas’ ante la mirada de los hombres mediante el uso de botines que les llegaban hasta las rodillas.

En tiempos de Preguerra, se continuó con la moda de mostrar el tobillo y comenzaron a estrecharse las polleras, que se recogían ceñidas por debajo de la rodilla. Durante la guerra, la mujer fue necesitada para las obras, el cuidado de los enfermos, y para mantener andando al país mientras sus hombres luchaban. Eso significó un empoderamiento para las mujeres que, junto al avance del feminismo, terminaron por hacer una revolución en la moda hasta lo que es hoy en día. La nueva moda marcaba un rechazo a las curvas, predominio de la sencillez y de la línea recta pero por primera vez enseñan las piernas y se cortan el cabello, dejando al descubierto sus cuellos. “En el último tercio del siglo XIX la moda nos hizo asistir, sobre todo, a la exaltación de la forma,(…) no cabe duda que polizones o corsés tengan otro objetivo que esa exaltación (…) el primer tercio del siglo XX nos hace asistir, en cambio, al fetichismo de la línea. Ella reina, triunfa, tiraniza, de manera absoluta y entiéndase que esa línea es sólo la que las viejas geometrías escolares nos enseñan como la más directa y perfecta: la recta, con exclusión de todas las demás. La curva se considera plebeya, cursi y anticuada. Las formas son oprobio de la figura femenina…esta tendencia, que se inicia a partir de 1918-20, alcanza en 1925-30 su pleno vigor”, explica Max Von Boehn en su libro “La moda, Tomo IX”.

Hacia los años ’30, las faldas vuelven a alargarse pero no tanto como sus predecesoras. Las cinturas se marcan donde corresponde y los vestidos dejan al descubierto las siluetas verdaderas de las mujeres.

Gracias a la aparición de la minifalda, creada por  Mary Quant en los años ’60, y de los pantalones  para las mujeres a fines del siglo XX, la mujer poco a poco abandona el uso frecuente de los vestidos para adaptarse a su nuevo rol laboral en el mundo. Con el hippismo, los vestidos y las faldas largas de telas orgánicas y diseños psicodélicos se pusieron de moda y en la actualidad, ese estilo convive con todo tipo de estilos que van desde diseños para mujeres empresarias a vestidos de algodón, cómodos para el día a día, vestidos de fiesta de todo tipo de telas, tamaños y diseños, y vestidos cortos que dejan poco a la imaginación.

La historia del vestido femenino es, ni más ni menos, que la historia de la evolución de la mujer. De cómo dejó a un lado su puesto de ‘trofeo’ o ‘acompañante’ del hombre para convertirse en alguien con derechos, ideas y trabajo propio, es decir, en una igual.

 

Fuentes:

  • https://historiadeltraje.wordpress.com
  • http://www.cyberpadres.com/tiempo_libre/carteleras/fetiche/mingote/index.htm
  • https://es.wikipedia.org/wiki/Vestido_(indumentaria)
  • http://modaenlahistoria.blogspot.com.ar/2011/02/historia-de-la-moda-hippy.html
  • https://es.wikipedia.org/wiki/Minifalda
  • https://vestuarioescenico.wordpress.com/2014/06/28/primera-guerra-mundial-y-la-imagen-de-la-mujer-moderna/

 

 

 

About Agustina Andujar Cavallo 1023 Articles
Editora en Historias de Moda. Cronista en PRONTO.com.ar. Columnista de espectáculos en "Sin escalas" por Radio PRONTO. Ex Radio Dime, MundoTKM, La Red, El Informante Show y Revista PRONTO. Colaboré para Perfil y Saber Vivir. Instagram, Facebook y Twitter: @agusandujar