‘Leyendas de ladrillos y adoquines’, de Mariela Blanco y Horacio Ludigliani

En 179 páginas, este libro (elegido como de interés cultural por la Legislatura de Buenos Aires) busca vislumbrar el ADN porteño, que va más allá de los edificios.

“Leyendas de ladrillos y adoquines”, de Mariela Blanco y Horario Ludigliani, es un recorrido en distintas estaciones (como si fuera un tren) por sitios icónicos de la ciudad de Buenos Aires por los que la mayoría de los que viven en esa ciudad pasa diariamente pero no los mira porque el ritmo caótico de esta ciudad no se lo permite, y muestra que esta ciudad se construye más allá de los ladrillos, con las historias de la gente que la transita diariamente.

Photo de Edificio Safico, año 1934

“El ladrillo en sí mismo no es más que un poco de masa de barro cocida; es apenas el átomo de la ciudad, su materialización, su aspecto tangible. La ciudad es mucho más que eso. Es precisamente aquello que no figura en ningún manual. No hay documento que pueda dar cuenta de su identidad”, es el párrafo que introduce al espíritu de este libro que busca que uno vuelva a recorrer la ciudad con la misma curiosidad que tiene un turista, para redescubrirla y recordar historias, como también para seguir descubriendo barrios y rincones, de esta ciudad que son muchas ciudades a la vez.

El libro se divide en cinco capítulos: Bajada de bandera, Avenidas y estilos arquitectónicos, Cultura e Identidad, Pocillo o telgopor, La Reina y Sus Joyas y Estación Terminal Recalculando. En ellos se cuenta la historia de la ciudad más europea de Latinoamérica, la arquitectura que tiene, por qué la Legislatura porteña decretó que los 26 de Octubre se celebre el Día del Café, en un relato en primera persona en el que se hace entrevistas a personas importantes para la cultura, algunos conocidos y otros que la constituyen.

Para poder entender por qué la ciudad y sus habitantes (entre los que yo me incluyo) somos como somos, se traza una línea de tiempo para explicar la historia de Buenos Aires como si fuera un cuento con principio, desarrollo, núcleo y final abierto, que día a día se va construyendo.

Photo de Las Violetas by Wikipedia

Por ejemplo, uno de los capítulos habla de la historia del barrio de Almagro y de la tradicional y muy famosa Confitería Las Violetas. “Decir Almagro y decir Las Violetas es conjugar el mismo verbo”, dice Omar Granelli que no quiere que lo llamen historiador ni periodista ni escritor porque más orgullo le da que lo consideren un almagrense de alma, un vecino enamorado del barrio que lo vio nacer allá por 1926. El libro describe a esta confitería así: Las Violetas es un edificio actual con salones de doble altura, columnas interiores con capiteles dorados, bellos pisos de mármol con dibujos geométricos, apliques de bronce, grandes ventanales de vidrios curvos y vitrales que son marca registrada de su exclusiva arquitectura. Espejo, yeso y lujosos tapizados del mobiliario en tonos pastel terminan de engalanar una obra distinguida y de refinado gusto”.

Photo del Abasto

En el capítulo ‘Bajada de bandera’, el lector empieza el recorrido por esta ciudad y comprueba, como los autores del libro remarcan, que hay dos Buenos Aires, la que se transita en la rutina agitada y la otra que permanece invisible para muchos, que es la de las alturas. Rascacielos, cúpulas antiguas, palacios y demás maravillas arquitectónicas, coexisten resistentes al paso del tiempo, en esta ciudad que tiene estilos arquitectónicos de todo el mundo. Sin embargo este primer capítulo invita que más allá de lo edilicio, se empiece a escribir otra historia, con anécdotas de otros y personales (como me pasó que al leer la historia del Abasto, no pude evitar revivir las tardes que pasaba allí con mis amigas del secundario).

Photo de Palacio Paz

“Si un producto cultural o un hecho artístico logra calar en alguna fibra profunda del lector o espectador, esa pieza se convierte en una buena pieza. Para ello, citaremos las voces de historiadores, periodistas, escritores, guías de turismo, poetas, arquitectos, conocedores profundos de los barrios porteños, funcionarios y urbanistas. Junto a usted, vamos a seguir completando las páginas de la historia protagonizadas por personalidades notables pero sin dejar afuera a la gente común. Vamos a escuchar las voces de aquellos que nunca fueron convocados ni citados en las grandes obras literarias: los habitantes y trabajadores de los ‘lugares–símbolo’ de la ciudad, vecinos, artistas callejeros, restauradores y mozos”, destaca en su primer capítulo.

Photo de Librería Ateneo Gran Splendid by Wikipedia

Buenas Aires tiene también tiene una fuerte impronta cultural por el tango, teatros (tanto los clásicos de la Avenida Corrientes como nuevos espacios independientes que van surgiendo), librerías (como las de las avenidas de Microcentro en dónde siempre se encuentran buenas ofertas), El Ateneo Grand Splendid, considerada por la National Geographic como la librería más linda del mundo, Abasto Shopping, entre otros sitios. Los autores finalizan el recorrido en un emblema como es el Teatro Colón, cuyo único defecto, según puntualiza del tenor Luciano Pavarotti luego de una función exitosa es que: “Su acústica es perfecta. Imaginen ustedes lo que eso significa para un cantante. Si uno hace algo mal, se nota enseguida”.

Photo Teatro Colón by Pixabay

“El broche de oro de nuestro trabajo tenía que ser un lugar–símbolo capaz de mostrar tiempos de esplendor económico y el vigente
compromiso de nuestro país –al margen del tinte político de sus gobernantes– de ser siempre meca de la cultura. Definitivamente, el Teatro Colón es un orgullo argentino y un centro de referencia para la ópera, la danza y la música académica en todo el mundo. Una vuelta por el Colón, es una vuelta por lo que quisimos ser y hacia donde queremos ir”, concluyen en este penúltimo capítulo de “Leyendas de ladrillos y adoquines”.

Al terminar el libro, no pude evitar transitar por las dos Buenos Aires: la primera, que es desordenada y tan rutinaria que no da respiro y la segunda, que es la de las alturas. Fue sólo alzar la vista y observar lo hermosas que son las esculturas de Buenos Aires, como las del Congreso de La Nación como también percatarme de la confluencia entre la modernidad (como los luminosos carteles publicitarios de la 9 de Julio) y lo clásico (como el café ‘Los Angelitos’ en Balvanera).

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Sobre Barbara Paula Groba 1005 Artículos
Estudiante de Psicología en la UBA. Periodista egresada de TEA. Periodista Científica recibida en el Instituto Leloir. Editora de Historias de Moda y Se Dice Ciencia. EX Columnista de espectáculos en "Bondi, un viaje de vuelta" por Radio WU, redactora de Salud en Revista G y Anemix, redactora freelance en Planeta Guru, columnista de deportes en "Sin escalas", por Radio PRONTO. Twitter e Instagram: @barbigroba9